Universidades protagonistas

Por Francisco Meléndez de la Cruz*

Un contexto de desequilibrio planetario exige que la humanidad transite hacia nuevos paradigmas. La universidad, en ese escenario, presenta las cualidades para impulsar y conducir este proceso. Después de todo, los líderes globales se forman en sus aulas.

Cada vez es mayor el número de científicos que coinciden en que estamos viviendo en la era Antropoceno. Desde el inicio de la revolución industrial, a finales del S. XVIII, el crecimiento y la riqueza de los países se basaron en la explotación a escala de los recursos planetarios. Se lograron incuestionables beneficios sociales y se mejoró la calidad de vida de una significativa cantidad de personas. Pero al mismo tiempo se externalizaron los enormes costos sociales y ambientales.

En nuestros días, el cúmulo de externalidades ha derivado  en una crisis planetaria en la que se están modificando los sistemas globales como el clima, las corrientes marítimas y la biodiversidad. Lo que a la naturaleza le toma millones de años en transformar, dando espacio a que las especies y los sistemas se adapten, a la actividad antrópica sólo le ha tomado poco más de dos siglos.

Fuente: Generación +1
Fuente: Generación +1

El Antropoceno es  la era en que las acciones acumuladas del ser humano han derivado en profundas alteraciones planetarias. Cambio climático, acidificación de océanos, degradación de los suelos, entre muchas otras, son algunas de las consecuencias que están generando subdesarrollo, ampliando las brechas de pobreza y desigualdad y, sobretodo, socavando la vida equilibrada en la Tierra.

El profesor Johan Rockstrom (director del Stockholm Resilience Centre) y su equipo han denominado límites planetarios a los sistemas globales bajo los cuales la vida en la tierra no corre riesgo; y que ilustran las consecuencias de las acciones humanas. Exceder alguno de estos 9 umbrales, interconectados entre sí, puede generar cambios ecosistémicos abruptos e irreversibles. La mala noticia es que al menos tres de estos ya han sobrepasado el límite de seguridad.

Fuente: Stockholm Resilience Centre
Fuente: Stockholm Resilience Centre

Los riesgos planetarios son tan grandes que continuar con el actual modelo de producción  lineal que nos ha conducido a este desequilibrio no es una opción. Hemos olvidado que los sistemas más avanzados del planeta, los ecosistemas, son circulares. Y que basar nuestro crecimiento y desarrollo en industrias que generan residuos que nunca vuelven a ingresar en el proceso de producción es la antítesis del proceder de los ecosistemas naturales, donde el desecho de una especie es el suministro y alimento de otra (Gunter Pauli).

Necesitamos transitar hacia nuevos paradigmas, innovaciones e interrelaciones. Necesitamos buscar un desarrollo sostenible y regenerativo que alcance el equilibrio biótico en el planeta, al mismo tiempo que reconstruye nuestros impactos acumulados. Y en esa búsqueda las universidades son protagonistas.

Al hacer un balance global y sobretodo nacional sobre el rol de la universidad en la construcción de la sociedad podemos decir que está subestimado: aún no se reconoce plenamente la capacidad de aporte de las universidades en la construcción de un futuro común Muchas universidades han olvidado su capacidad de colocar temas en agenda, de ser ejemplos de gestión institucional, de validar sus investigaciones en el campo y no solo en publicaciones de salón, y, por encima de todo, de que en sus aulas se forman las personas que liderarán un planeta con serios problemas.

En este contexto, el modelo de Universidad Sostenible se presenta como una propuesta auspiciosa debido a que reconoce la necesidad de transitar hacia un sistema de gobernanza y gestión global más flexible e interconectado, que reconozca la diversidad cultural, disciplinaria y generacional. Porque es este nuevo paradigma de desarrollo, sostenible y regenerativo, el que puede garantizarnos la adaptación de los sistemas sociales y ambientales ante una época turbulenta de cambio global.

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Se puede definir a una Universidad Sostenible como aquella que “opera como un sistema completamente integrado en su comunidad local, regional y global modelando la sostenibilidad regenerativa hacia dentro y hacia fuera” (Cortese, 2003). Esta nueva forma de gestión cimenta sus bases en ejes que pueden adaptarse a los diferentes contextos de las sociedades actuales.

La interdisciplinariedad es el primer requisito de este modelo de universidad. Moldear un desarrollo regenerativo e inclusivo exige que los cursos, especialidades, proyectos y organizaciones puedan aprovechar la diversidad social y ecológica que convive en el planeta. La investigación aplicada, por su parte, permite validar la funcionalidad de los saberes que se generan y discuten en el campus; y representa el segundo eje de la universidad sostenible. Una casa de estudios que no aplica los conocimientos que genera en la sociedad a la que pertenece no tiene razón de existencia, es una burbuja.

El tercer eje es la gestión interna del campus. Las universidades deben ser ejemplos para nuestras ciudades. Los desechos deben reducirse al mínimo y aquellos que sobren deben de introducirse en el sistema, asemejándose a un ecosistema natural. Un campus sostenible exige un funcionamiento bajo en emisiones de carbono, un aprovechamiento de las energías renovables y un control de la huella ecológica. Además, la gestión interna debe ir acompañada de una gobernanza colaborativa, en la cual todos los miembros de la comunidad universitaria tengan acceso a la representación y toma de decisiones desde un enfoque de democracia saludable (de Hannah Arendt).

Y, finalmente, se encuentra la relación entre la universidad y la comunidad. La universidad debe ser capaz de responder a las necesidades de su comunidad y proveerle herramientas y conocimientos para afrontar los desafíos del Antropoceno mediante sinergias multinivel. Y en esencia no se debe descuidar el objetivo principal de las universidades: preparar estudiantes para el trabajo del mundo y no solo para el mundo del trabajo (Jonhaton Porritt, 2012).

El desafío es grande. Pero nuestras ganas de conducir juntos a la humanidad hacia un futuro sostenible y regenerativo son más grandes aún.

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*Francisco Meléndez es estudiante de la especialidad de Geografía y Medio Ambiente de la PUCP. Es también Vocal de Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente de la Federación de Estudiantes de la PUCP y coordinador del Programa de Universidad Sostenible de Munay. Francisco representa a la PUCP y Munay en el World Student Environmental Summit 2016 – Reino Unido, a realizarse en agosto.

Bibliografía

Cortese, Anthony (2003). The critical role of higher education in creating a sustainable future. En Planning for Higher Education, pp. 15-22. Enlace: http://www.aashe.org/resources/pdf/Cortese_PHE.pdf

Pauli, Gunter (2010). The Blue Economy: 10 years, 100 innovations, 100 million jobs. Paradigm Publications.

Rockström, Johan et. al. (2009) Planetary Boundaries: Exploring the Safe Operating Space for Humanity.  En Ecology and Society 14(2): 32. [online] Enlace: http://www.ecologyandsociety.org/vol14/iss2/art32/

Porritt, Jonathon (2012). Universities must lead the way on the sustainability agenda. En Diario The Guardian. Publicado: 16/02/2012. Enlace: http://bit.ly/29XveCO

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