Orlando, al rescate de los animales silvestres

¿Te imaginas andando en un denso bosque de nuestra Amazonía? Probablemente, te figuras haciéndote paso entre lianas y rodeado(a) por una abundante y exótica vegetación que produce tanta admiración como la cantidad de animales de todas las formas, colores y tamaños que hay alrededor. Sin embargo, sabemos que la realidad es otra: cada vez es más difícil encontrar animales silvestres en los bosques amazónicos.

Para llegar al Centro de Rescate, hay que cruzar el río Shilcayo 15 veces saltando sobre las rocas y subir por un camino que se asemeja a escaleras naturales. Aproximadamente, la subida se realiza en dos horas.
Para llegar al Centro de Rescate, hay que cruzar el río Shilcayo 15 veces saltando sobre las rocas y subir por un camino que se asemeja a escaleras naturales. Aproximadamente, la subida se realiza en dos horas. (Foto: Katia Yoza)

 

En la vida real, la selva no parece selva. La caza irresponsable es el principal causante de la devastación de la diversidad de nuestra fauna. Considerando que nuestro país es uno de los más ricos del mundo en cuanto a diversidad biológica, esta situación es preocupante. Ahora bien, ¿acaso en esta razón se agota la necesidad de afrontar esta amenaza a la variedad animal? La pregunta sería entonces la siguiente: ¿Cuál es la importancia de la presencia de fauna en los bosques amazónicos?

Los monos machines son animales muy sociales y juguetones.
Los monos machines son animales muy sociales y juguetones. (Foto: Katia Yoza)
Chico y Francisco (Foto: Katia Yoza)
Chico y Francisco (Foto: Katia Yoza)

Muchos animales, además de cumplir sus funciones dentro del ecosistema, también son importantes reforestadores. Imagínate ahora a un mono machín saltando ágilmente entre árboles frutales, de los cuales toma un shimbillo (ver foto) que va comiendo mientras sigue su camino libremente. Por supuesto, no tiene la costumbre de retirar la semilla, así que se lo traga entero. De esa manera, al defecar, expulsa las semillas con el abono que ayudará a que germinen con mayor éxito. Y, precisamente, gracias a que estos animales recorren grandes distancias, se extiende más el área de dispersión de las semillas. Es decir, el animal devuelve a la tierra lo que ha recibido de ella al contribuir con la regeneración de la vegetación.

Yuranono, un mono machín blanco (Cebus albifrons) comiendo un shimbillo. (Foto: Katia Yoza).
Yuranono, un mono machín blanco (Cebus albifrons) comiendo un shimbillo. (Foto: Katia Yoza).

Los animales cumplen, por tanto, un fundamental rol como reforestadores y de manera muy efectiva. Por supuesto, ante el problema del avance desmedido de la deforestación, es fundamental luchar contra la tala de árboles a la vez que se reforesta. Los árboles son la prioridad, porque producen el oxígeno que necesitamos para respirar y combatir las consecuencias de la contaminación ambiental. Así pues, las medidas tomadas para reforestar deberían considerar, asimismo, la importancia de los animales en esta tarea.

Como todo mono, Chico pasa buena parte del día saltando de árbol en árbol. (Foto: Katia Yoza).
Como todo mono, Chico pasa buena parte del día saltando de árbol en árbol. (Foto: Katia Yoza).

Estos, lejos de ser elementos decorativos en el exótico paisaje amazónico, son los trabajadores de la selva, como dice Orlando Zagazeta, el hombre que reintegra animales silvestres a su hábitat natural dentro del Área de Conservación Regional Cordillera Escalera, la primera de su tipo en el Perú. Allí, más exactamente en el sector denominado Tamushal, a dos horas de camino desde Tarapoto, es donde él trabaja y vive solo, si es que no hay voluntarios que lo apoyen en sus tareas diarias.

Orlando dándole leche al zorrillo de monte bebé (Foto: Katia Yoza).
Orlando dándole leche al zorrillo de monte bebé (Foto: Katia Yoza).
Zulito, el zorrillo bebé (también llamado zarigüeya). (Foto: Katia Yoza).
Zulito, el zorrillo bebé, también llamado zarigüeya. (Foto: Katia Yoza).

Orlando Zagazeta tiene sesenta y tres años y ha vivido miles de aventuras que le gusta relatar al caer el día en la selva. Actualmente, mediante la Asociación Cerelias (Centro de Rescate y Liberación de Animales Silvestres) maneja ocho monos machines, cuatro pichicos, una manada de sajinos, una chosna, una coatí, tres tortugas y un zorrillo bebé. Muchos de estos animales fueron intervenidos por el gobierno regional al ser víctimas de la caza ilegal. Capturados bebés o nacidos y criados en cautiverio, fueron separados injustamente del lugar en donde deberían cumplir sus funciones naturales.

Chico, un mono machín joven (Cebus apella). (Foto: Katia Yoza).
Chico, un mono machín joven (Cebus apella). (Foto: Katia Yoza).

Ahora, imagínate un zorrillo de monte bebé que acaba de ser recuperado luego de presenciar cómo los cazadores matan a su madre para vender su piel o carne. Entonces, surge esta pregunta: ¿Qué hacer con el pequeño? ¿Cómo reintegrarlo a su mundo sin una madre que le enseñe cómo sobrevivir en la selva? O, en el caso de un animal adulto criado en cautiverio: ¿Cómo devolverlo al monte, si ha sido arrancado de allí tan joven, por lo que la selva no es sino un lugar desconocido para él en donde no sabrá cómo sobrevivir?

Titi, una chosna o kinkajú (Potus flavus), de cuyo nacimiento Orlando fue partero. (Foto: Katia Yoza).
Titi, una chosna o kinkajú (Potus flavus), de cuyo nacimiento Orlando fue partero. (Foto: Katia Yoza).

Teniendo en cuenta estos aspectos, Orlando dedica su vida a la reintegración paulatina de los animales rescatados. Su trabajo cuenta con gran simpatía en la región, en donde es la voz de la ecología a través de sus mensajes de rechazo al consumo de carne de monte y la utilización de animales silvestres como mascotas. En décadas de trabajo en defensa de la fauna silvestre, ha logrado reintegrar exitosamente a centenares de animales de diversas especies como monos (choro, tocón, machín, pichico, etc.), pelejos, nutrias, sajinos, erizos, coatíes, etc. —incluso culebras. Realiza el primer manejo exitoso de sajinos en el Perú y ha vivido experiencias únicas como el ser partero del nacimiento de una chosna o kinkajú —un animal nocturno con una lengua larguísima y semejanzas al perro y al mono— o el haber presenciado el baile de agradecimiento de una tarántula.

Orlando y Nicola, una coatí (Nasua nasua) joven y traviesa. (Foto: Katia Yoza).
Orlando y Nicola, una coatí (Nasua nasua) joven y traviesa. (Foto: Katia Yoza).

No son pocas las tareas que Orlando realiza en el Centro de Rescate. Antes de que amanezca, ya está cortando leña para tomar un poco que café que le ayudará a empezar el día. Entonces, saca a los monos de sus dormideros y les sirve el desayuno, que suele ser mingado de arroz con leche, pues a los monos les gusta mucho el dulce. Luego de ello, prepara la comida para los sajinos. Por supuesto, siempre está pendiente para atender a algún animal si lo encuentra herido o si llega algún bebé que necesite leche cada tres o cuatro horas. A las diez de la mañana aproximadamente, los monos y demás animales vuelven a comer y, a las doce, les da de beber. A la una o dos de la tarde, cuando ya está lista la comida para él y los voluntarios, la preferencia la tienen los monos, pues les sirve un poco a ellos primero. Orlando nos hace recordar que, como estos animales son hiperactivos y gastan mucha energía, necesitan comer constantemente. A las tres y media, vuelven a comer su mingado y, a las cinco y media, entran a sus dormideros.

Un mono pichico (Saguinus fuscicollis) mirando curioso a la cámara. (Foto: Katia Yoza).
Un mono pichico (Saguinus fuscicollis) mirando curioso a la cámara. (Foto: Katia Yoza).

El día en la selva acaba temprano, pues, a causa de la densidad de los árboles y la falta de iluminación artificial, la noche es sumamente oscura y tranquila. Sin embargo, Orlando no duerme más de cuatro horas seguidas: se levanta para vigilar que no entren serpientes u hormigas en grandes cantidades que puedan amenazar la vida de los animales que cuida.

Esta es la austera casa en donde Orlando vive y realiza el manejo de fauna. (Foto: Katia Yoza).
Esta es la austera casa en donde Orlando vive y realiza el manejo de fauna. (Foto: Katia Yoza).

Sin embargo, la rutina se rompe cuando llega aquel día en que hay que liberar al animal porque ya este está listo. Orlando siente dos emociones opuestas. Por un lado, tristeza, porque es probable que no vuelva a ver al monito que alimentó y cuidó por cierto tiempo. Pero, por otro lado, dice que siente una alegría indescriptible, ya que sabe que está cumpliendo con su trabajo de ayudarlos a regresar al lugar que les corresponde, en donde podrán realizar sus funciones naturales. “Rezan sus oraciones de libertad”, como suele decir. En su impresionante memoria, guarda con cariño las historias de cada animal rescatado y liberado en muchos años de vida dedicada a la fauna silvestre, ya que “la vida del animal silvestre es demasiado frágil”, reflexiona. Estas palabras y muchas otras dejan grandes aprendizajes sobre la vida —en general— cuando relata tantas de sus historias al caer en día en medio de la selva.

Yura y Francisco. (Foto: Katia Yoza).
Yura y Francisco. (Foto: Katia Yoza).

Escrito por Katia Yoza Mitsuishi

Licenciada en Literatura Hispánica por la PUCP

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La labor de Orlando Zagazeta podrá ser vista en un documental que Lupe Benites viene realizando y terminará de grabar en setiembre. A continuación, el trailer.

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