HAZla por tu playa: CRÓNICA de Munay en Costa Azul

Costa Azul, Ventanilla. Marzo 2013.
Costa Azul, Ventanilla. Marzo 2013.

La arena es la piel de toda playa. Así como los bañistas cuidan su piel del sol, alguien tiene que proteger a la playa de los bañistas. Costa Azul, en el distrito marítimo de Ventanilla, fue la candidata perfecta que eligió Munay para participar en la Cruzada Nacional de Limpieza de Playas. Caliente y anchurosa, su larga entrada urge a buscar los parasoles o la fresca arena de la orilla a quien no quiera achicharrarse los pies con tanta indiferencia del veraneante por su playa.

Un bloqueador y listo. El voluntario ya está protegido de los rayos ultravioleta antes de limpiar la playa. Pero nada lo previene de la cantidad de deshechos que encontrará regados. Además de basura, había madera y cañas usados para armar fogatas de noche y que llegan allí gracias al flujo del río Chillón. A ello se suma la pasividad con que algunos eligen refrescarse entre las rumas de maleza y los desperdicios abandonados. La piel impura de esta playa se debe a sus propios veraneantes y Munay tuvo que entrar en acción.

Almendra recoge desperdicios.
Voluntaria en acción.

La actividad bautizada como “HAZla por tu playa” fue organizada por L.O.O.P y Conservamos por Naturaleza para los días 2 y 3 de marzo. Elegimos el domingo 3 y casualmente unas bandas de rock tocaban allí. Un motivo más para ir. A nosotros se sumaron cuatro voluntarios: Sergio, Claudia, Renato y Rafael. Armados de guantes y bolsas negras, Munay dividió la playa en tres sectores: norte, centro y sur; y acordaron que el recorrido duraría hasta el mediodía.

En el camino, un salvavidas advirtió a los grupos de voluntarios que no recogieramos la basura de las personas que no lo desearan. “Gente callejera”, fue su expresión. No pocos lugareños se acercaban a preguntar quiénes eran aquellos chicos de polo blanco que venían a limpiar una playa que no era de ellos. Sin alarmarnos, seguimos las rutas pactadas. Cada grupo contaba con tres bolsas negras: una para residuos No-reciclables, otra para los Reciclables y la última para los Residuos Orgánicos. Ese también fue el orden en que se llenaron.

Montículo de basura.
Montículo de basura.

Encontramos: platos de teknopor, tenedores de plástico, bolsas, jeringas, envases de acido muriático (No-Reciclable); botellas de plástico, tapas-rosca (Reciclable); frutas podridas, nabos (Orgánicos), etc. También habían rarezas. El grupo del sector norte no olvidará el hallazgo del cadáver de un cachorro en la orilla que LOOP recomienda no recoger. Sergio, un voluntario, cuenta que un niño se quedó mirando cómo recogían los desechos y en un momento se acercó para colocar su basura en la bolsa negra.

No se vaya a creer que éramos los únicos. Fabiola, integrante de Munay, cuenta que por momentos sintió que interrumpía a las señoras que envía la Municipalidad de Ventanilla para la limpieza de playas en verano. Era un grupo de más de veinte mujeres que liberan a Costa Azul de desperdicios en un horario titánico de siete de la mañana a seis de la tarde. Once horas. A cambio de 650 soles mensuales. A diferencia de los voluntarios, no utilizan guantes. La Municipalidad no les renueva los guantes hace dos años y están expuestas a cortarse con los vidrios que también encuentran. Gustosas, aceptaron una foto con nosotros.

Todos juntos.
Todos juntos.

Con rastrillo en mano, ellas primero acumulan en montículos la madera y las cañas junto con la basura. Luego vuelven, lo juntan todo, lo introducen en sus bolsas negras y se lo llevan. No separan los residuos porque la Municipalidad prohíbe que lo hagan, según dijo una de ellas. “No digo más porque comprometo mi trabajo”, se excusó. También dijo que si quieren reciclar, por ejemplo, botellas de plástico para vender, lo hacen a escondidas de sus supervisores.

Claudia, una voluntaria que fue con su hermano Sergio, cuenta que las señoras barrenderas sí colaboraron con ellos. Algunas elegían las tapas y botellas que encontraban y facilitaban la recolección. “Sí vale la pena reciclar y hacer algo a favor del medio ambiente, ¿si no quién lo va a hacer?”, decía ella. Por ejemplo, una bolsa de plástico hubiera quedado hundida en el mar de no ser por un bañista que, luego de su chapuzón, la arrojó a los voluntarios. Queremos creer que se sintió llamado a la acción. Y así varios más.

Tanto los voluntarios como las señoras barrenderas debieron caminar 200 metros más arriba, sobre la arena ardiente del mediodía, para depositar las bolsas que luego serán llevadas por el camión compactador. En números oficiales, fueron 64 kilos de desperdicios y material reciclable que recogieron los voluntarios.

La playa y más residuos.
La playa y más residuos.

Algo es claro, recoger residuos en la playa, por más simbólico que sea, consiguió que los voluntarios conozcan las problemáticas del litoral peruano en general y de Costa Azul en particular. Ventanilla, un distrito con mucho futuro, merece una playa limpia, con autoridades preocupadas por educar ambientalmente a sus veraneantes, los cuales podrían actuar de manera no tan pasiva ante su litoral. La mano del hombre ensucia esa playa, y esa misma mano puede limpiarla.

“Nos vamos a almorzar y toditito volverá a estar sucio cuando volvamos”, subrayó Edith, una de las señoras barrenderas, revelando una arista del problema: los bañistas. ¿Será muy difícil acostumbrarse a que cada uno guarde sus deshechos y los bote en casa? La realidad es dura: se arroja basura como si nada. La playa no es con ellos. Si bien los voluntarios fueron protagonistas en la mañana del domingo 3, son las señoras barrenderas que, sin mucha orientación de la Municipalidad de Ventanilla, se llevan las palmas por recoger religiosamente y con las manos desnudas toda la basura que el verano deposita en Costa Azul.

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Compartimos un video realizado por Conservamos por Naturaleza.

HAZ: Deja los lugares por donde pasas mejor de lo que estaban from Conservamos por Naturaleza on Vimeo.

EL DATO: Según la Sociedad Océano Azul para la Conservación del Mar, el plástico que arrojamos al océano mata a más de un millón de aves y mamíferos marinos que lo ingieren o quedan atrapados en su red. Se estima que hacen falta 1000 años para que una bolsa fabricada a partir de gas y petróleo se desintegre en partículas tóxicas.


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